Verdaderas marejadas poéticas
currucuqueando recuerdos Petrificado en el recuerdo estoy cada instante en mi memoria tu Mirada y la mía. Tu sonrisa y la mía en aquel beso que fue dulzura miel y leche bajo tu lengua el secreto de las delicias divinas, en aquel inefable primer instante del amor! Mi prima Inés era rubia como una alemana. Fuimos criados juntos, desde muy niños, en casa de la buena abuelita que nos amaba mucho y nos hacía vernos como hermanos, vigilándonos cuidadosamente, viendo que no riñésemos. ¡Adorable, la viejecita, con sus trajes agrandes flores, y sus cabellos crespos y recogidos como una vieja marquesa de Boucher! Inés era un poco mayor que yo. No obstante, yo aprendí a leer antes que ella; y comprendía -lo recuerdo muy bien- lo que ella recitaba de memoria, maquinalmente, en una pastorela, donde bailaba y cantaba delante del niño Jesús, la hermosa María y el señor San José; todo con el gozo de las sencillas personas mayores de la familia, que reían con risa de miel, alabando el ...