Manos

En el dibujo de la mano de una mujer, hay más poesía que en la cabeza de Apolo, más amor que en un jardín de flores en un día de primavera, más vida que en una nube cuajada de nidos de ángeles, y más recato que en un templo. Y ¿por qué la emoción que causa el contorno de esa mano de mujer, no es una sensación de placer como suponen algunos timoratos inconscientes, sino que es un sentimiento mezclado de ternura, de belleza y de santidad? Porque esa mano nos recuerda aquella que nos ha sostenido en la niñez; que nos ha acariciado en la juventud; que cerrará nuestros párpados el día de la muerte, y que, separando las nieblas de la eternidad, nos ayudará a subir a lo alto de los cielos.

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